08 Aug
Gallos y Galleras
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La idea del libro se empezó a fraguar en Venezuela y más concretamente en Isla Margarita. A raíz de la propuesta que Cruz Acosta, director de la Fundación Plácido Maneiro, me hizo para participar en una exposición sobre toros y gallos empecé a tomar contacto con el mundo de los gallos. Eso fué en el año 2002 y he tenido la oportunidad de seguir todo el proceso de la cría y preparación de los gallos, de hacer amigos galleros e ir a las peleas de gallos para comprobar que ésta es una afición que la llevan en la piel y una tradición que es parte inamovible de su cultura.

Este libro sobre gallos y galleras tiene la humilde pretensión de acercar y presentar este deporte desde el punto de vista puramente estético valiéndome del lenguaje fotográfico, quedando totalmente al margen de polémicas y sin entrar a juzgar los hechos.

Quiero plasmar a través de la belleza de su contenido una tradición que muchas veces pasa de padres a hijos, en un juego ancestral en el que los actores son siempre los mismos: gallos, galleros, criadores, aficionados y los apostadores. Una tradición que esta viva en nuestros días y de la cual su origen se remonta a las selvas de India, Birmania y las islas Malayas.

Se tienen noticias que desde antes del año 2500 a.c. en la India eran considerados animales venerables. Según los Vedas, los antiguos textos religiosos de India, la crianza de los gallos respondía a intereses rituales a través de las peleas.

La palabra gallo viene del latín “gallus”: ave de aspecto arrogante con cresta roja, erguida y carnosa, pico convexo, cuerpo fornido, plumas abundantes y lustrosas con viso de diversos colores, cola larga y arqueada, espolones agudos y arqueados en las patas.

El gallo a lo largo de los tiempos y en las distintas sociedades, ha recibido desigual favor de parte de la superstición popular. Emblema de la vigilancia y la actividad, es además símbolo del valor, la abundancia, la fecundidad, pero también es el animal predilecto para prácticas de adivinación y hechicería.
En España la afición gallística caló en todo el país, sobre todo en la Edad Media, cuando hubo un gran desarrollo de la práctica destacando una raza de gallos llamada "jerezanos"; ésta adquirió fama rápidamente y se ganó el derecho a ser exportada a América desde los primeros años del siglo XVI hasta nuestros días.

España tomó el relevo de Roma en cuanto a la difusión de la especie  por todo el continente americano, donde actualmente es una actividad lucrativa y muy popular.
Se afirma que no había gallinas antes de la llegada de los españoles y fueron numerosos los conquistadores que desembarcaron en América con sus gallos de combate bajo el brazo.
A esta actividad gallística se fueron sumando paulatinamente todos los países americanos de sur a norte. En Centroamérica se la denominó “fiesta nacional” y han sido numerosos los presidentes aficionados a los gallos, como el nicaragüense José María Moncada Tapia, el norteamericano Abraham Lincoln a quien le gustaba hacer de juez en la arena, el general mexicano Antonio López de Santa Ana, también era motivo de orgullo para los aficionados del pueblo.

En Cuba el hombre de campo montado en su caballo vistiendo guayabera y sombrero de jipi, una guitarra colgada del hombro y  un gallo fino en la mano, se convirtió en símbolo de cubanía. Esta pasión por los gallos se encuentra extendida por los diferentes extractos sociales, coincidiendo todos el día de la pelea en los palenques sin ningún tipo de prejuicios.

En Venezuela la tradición de las riñas está muy arraigada y más concretamente en Isla Margarita, donde en la actualidad hay más de 40 galleras como la de “Mi Viejo” en  La Asunción capital de la isla, “Las Maravillas” en el sector Agua de Vaca…, e incluso su gobernador Don Morel Rodríguez es un reconocido aficionado y gallero.

Las riñas de gallos en las Islas Canarias se remontan al siglo XVIII en la localidad majonera de La Oliva, en Lanzarote, donde empezaron con la cría de gallos en la Casa de los Coroneles y de ahí se extendieron de forma generalizada por todo el archipiélago a mediados del XIX. Hoy en día existe un órgano que se encarga de velar por los intereses de esta práctica, la Federación Canaria de Gallística, que acoge a casi ocho mil asociados en las diferentes galleras: “La Nueva”, “Guerra”, “La Espuela”… Las Islas tienen una liga profesional anual muy seguida los fines de semana por los aficionados canarios y de la península.

En el sur de España, concretamente en Cádiz, está la sede de la Federación Andaluza de Defensores del Gallo Combatiente Español, que preside D. Basilio Angulo, formada por 50 peñas con más de 14.000 carnets de aficionados de toda la península que organiza entre otras actividades el Campeonato de España de peleas de gallos todos los años en el mes de abril.
Quiero con este libro hacer una vez más un viaje de ida y vuelta entre el viejo y el nuevo mundo, a través de 60 fotografías en las cuales presento plásticamente esa relación milenaria entre los gallos y los que creen serlo.

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